GRANITOS DE MOSTAZA
Por: María Elena Rodríguez
Hace unos meses me escribió un sacerdote de la ciudad de
Guadalajara, en México. Su nombre es
Faustino Ramírez. Me comentaba con
entusiasmo el P. Faustino: “somos tocayos inspirados por la Palabra”. Resultó que él estaba trabajando por las
vocaciones sacerdotales con un grupo de niños al que intentaba sensibilizar
hacia las cosas buenas, hacia las cosas de Dios, con la esperanza de despertar
en ellos (sembrar) el interés por incursionar en la vida sacerdotal, en la
vocación a servir al Señor, a ser sembradores ellos mismos. Su grupo se llamaba, y se llama, Granitos de
Mostaza. Me emocionó todo lo que me
comentaba sobre su ministerio con los niños. Le pedí que me enviara algunas fotos para publicarlas en la página www.granitosdemostaza.org
Me preguntaba en aquel entonces el Padre Faustino que dónde
se encontraba nuestra “organización”. Me
causó gracia y pensé en que quizá lo iba a decepcionar porque la tal
“organización” era la mesa de mi cocina, una buena cantidad de libros,
revistas, boletines, estampas. Mis
medios: una computadora e internet.
El Padre no me volvió a escribir por un tiempo, pero volvió
a “aparecerse” un día en mi pantalla. Me
enviaba en un email las fotos prometidas. Se me rodaron “las de San Pedro” al ver a sus niños en plena acción,
alrededor de la Parroquia, y… ¡sus camisetas! ¡Qué bonito sello!
Padre Faustino, muchas gracias por el honor de incluirnos en
su apostolado; por lo que usted está sembrando, y por este
texto que en ratitos escribió, de su puño y letra:
SEMBREMOS LA SEMILLA DE LA VOCACION
Por el P. Faustino Ramírez, osf
Una de las parábolas que Jesús nos enseña para entender lo
que es el Reino de Dios es la de la semilla de mostaza. Jesús nos explica diciendo que es la más
pequeña de las semillas y que a pesar de eso llega a formar un arbusto a donde
los pájaros llegan a hacer sus nidos.
Así se construye el Reino de Dios, con los pequeños
esfuerzos de cada día; haciendo muy bien aquello que debemos realizar y
poniendo nuestro mejor esfuerzo; viviendo con alegría cada momento de la vida,
de manera especial con los más cercanos y con los menos favorecidos y
marginados de nuestro ambiente.
Hoy, con el favor de Dios, se ha puesto de relieve la tarea
que realizan los enfermos a favor de las vocaciones y de la vida misionera,
desde su misma realidad de dolor, de angustia y de soledad; ya se habla de cultura vocacional y se nos
dice que es una tarea de toda la iglesia y no solamente de los consagrados o de
los promotores vocacionales.
En los últimos años nos hemos quejado de que ya no hay
vocaciones a la vida religiosa y sacerdotal, añoramos los años pasados cuando
había más fervor, cuando nuestros jóvenes eran más dóciles para las cosas de
Dios, cuando nuestros ambientes eran más cristianos, cuando los seminarios
estaban llenos, cuando en las familias había más temor de Dios y se rezaba el
Santo Rosario todos los días.
Decir que no hay vocaciones es dudar de la bondad de Dios,
se nos ha olvidado que Dios toma la iniciativa, que Él sigue llamando, que no
se olvida de sus promesas. Dios llama y nos da a manos llenas. Lo que hace
falta es que no nos quedemos en quejas estériles, con los brazos cruzados, es
necesario que fomentemos una cultura
vocacional para hablar el mismo lenguaje y sintonicemos para hacer una Iglesia
misionera donde salgamos a buscar a nuestros jóvenes, a nuestros niños, a las
familias, a todos los agentes de pastoral para hacer una cruzada vocacional en
donde todos tengamos una tarea a realizar.
El Papa Benedicto XVI, en su Mensaje para la Jornada Mundial
de Oración por las Vocaciones 2009 nos dice que la oración ha de ser
ininterrumpida y confiada y nos pide “rezar para que en todo el pueblo
cristiano crezca la confianza en Dios, convencido de que el «dueño de la mies»
no deja de pedir a algunos que entreguen libremente su existencia para
colaborar más estrechamente con Él en la obra de la salvación”.
Por nuestra parte hay
la necesidad de cambiar nuestra mentalidad arcaica, que si bien es cierto que
funcionó en un tiempo, hoy no consigue más que lamentarnos porque nuestros
seminarios y casas de formación están vacios y cambiar nuestra terminología al
referirnos a esta tarea tan importante en la iglesia. Decir PROMOCION
VOCACIONAL, es conformarnos con poco, ir a lo ya hecho, a lo crecidito, a lo
aventajado, a cosechar lo que no hemos sembrado; en cambio, decir PASTORAL
VOCACIONAL, es comenzar desde abajo, remover la tierra y sembrar la semilla de
la vocación, tarea de la cual toda la Iglesia es responsable.
La semilla de mostaza, “la más pequeña de las semillas” (Mc.
4, 31), así deben ser nuestros esfuerzos en la Pastoral Vocacional; a veces
parecen insignificantes, pero unidos uno a uno y en toda la comunidad
parroquial, llegará a ser “un arbusto a donde los pájaros llegan a hacer sus
nidos”.
Inspirados en esta parábola nacieron los “Granitos de
Mostaza”, un grupo vocacional formado por niños y niñas que tiene como finalidad descubrir el llamado
que Dios nos hace para hacernos participar de su plan de amor. Así como los
granitos de mostaza, así los niños; con
sus esfuerzos pequeños, ignorados por los adultos, pero con dedicación extraordinaria
y espontaneidad sin límites.
Qué importante es que
esas pequeñas semillitas descubran que la vida es un regalo de Dios; Él nos
llama a la existencia para cuidar la vida, para valorarla, para no sentirnos
dueños de ella. Y qué decir del llamado que nos hace para recibir la vida nueva
de hijos de Dios por medio del bautismo, esto nos compromete a vivir plenamente nuestro ser de bautizados.
Como responsable de la Pastoral Vocacional de los Misioneros
Oblatos de la Sagrada Familia, es mi deseo compartir esta experiencia para un
trabajo común en las parroquias que atendemos, así le daremos vida a los dichos
y hechos de nuestro fundador que bien conocemos y repetimos, pero que en la
práctica algunos olvidamos: “Unidos en
el pensar, unidos en el sentir, unidos en el actuar”.
En nuestra comunidad es prioritaria la Pastoral Vocacional,
ya que nuestro fundador ”recomendaba su
sacerdocio”, aprovechando toda oportunidad para invitar al seminario diciendo
“no te gustaría entrar al seminario” y cuando descubría un signo vocacional los
recomendaba a un seminario. Era tan
grande su celo pastoral que tenía la
preocupación “para que no se malograra ninguna vocación por falta de recursos
económicos”.
En una encuesta realizada por la Comisión Episcopal de Vocaciones
y Ministerios, en donde se preguntaba si nuestra familia religiosa, tenía
alguna experiencia propia a la que se dedicara con su carisma, se suscribió esta experiencia de los “Granitos de
Mostaza” con el deseo de fortalecer el trabajo vocacional desde su base,
sembrando la semilla de la vocación en el corazón de nuestros niños y niñas.
Siendo una experiencia propia de los Misioneros Oblatos podemos juntos trabajar
por este movimiento eclesial a favor de las vocaciones y cuidando que en las
parroquias que atendemos y en nuestras casas de formación vaya creciendo y
fortaleciéndose.
Sólo así estaremos sembrando la semilla de la vocación, sólo
así valoraremos la riqueza extraordinaria de lo que puede realizar un niño:
sembraremos la semilla de la vocación, la cuidaremos como la buena yerba, le quitaremos la maleza, abonaremos
el terreno y entonces podemos cosechar
lo que bien hemos sembrado.
PADRE FAUSTINO RAMIREZ, osf.
Noviembre 2, 2010